jueves, 19 de julio de 2007

Escuchando

Nunca escribo con música, con ninguna música que vaya mas allá de esas imagenes que se me llenan de palabras para poder salir.
Hoy en cambio en mis oídos está el lado oscuro de la luna.
Y mis ojos se rebelan a seguir abiertos, quieren iniciar el viaje hacia adentro.
Les pido que permanezcan así solo el tiempo necesario para plasmar algo, la punta de este iceberg que es enorme y que me gusta cada vez más.
Ellos me obedecen de mala gana. Aprovecho.
La música me va envolviendo en su maravilla y me dan ganas de escribir cosas inconexas, me dan ganas de escribirme a mí.
Las manos apoyan sus palmas en el teclado, lentas, envueltas en una especie de letargo sensual, esperando por aquello que está por emerger.
Y entonces empiezan los gritos de una mujer a la que se le pidió que imaginara su propia muerte al gritar. Una muerte magistral, que amerita gritos fuera de lo humano, susurros que invaden el cuerpo y me invitan a morir también.
Morir mis angustias, mis miedos, mis anhelos, mi moral.
Nacer.
Ella continúa en su baile gutural y yo decido que también he gritado así alguna vez, adentro, cantando, muriendo, amando, naciendo.
Cesan los gritos y ahora hay monedas que caen dentro de una caja registradora, la ironía amarga de aquel que tiene todo lo que puede soñar y aún así sigue añorando y preguntándose que viene después, dándose cuenta de que ese camino es árido, definitivamente no hay manera de sentirse satisfechos en la avidez.
Mientras sigo mi recorrido sonoro me doy cuenta de que mis ojos están despiertos ahora.
Mis pies empiezan su baile y convencen a mis piernas a que empiecen a sonreír.
Espero la próxima canción, pero no imagino lo que me depara la melodía tan conocida, hoy no lo sé, ya que últimamente sé poco, poquísimo.
Pienso que la locura es algo así, reconocerse cada vez menos, verse y no saber que esperar, desdibujar los margenes, perder la capacidad de juzgarse, de falsearse, desnudarse, encenderse en fuego, cruzar los límites, dejar de percibirlos.
Nacer.
Es hora de mi canción predilecta, a la que nunca he terminado de asimilar, la más real.
Les voy a permitir a mis párpados que eclipsen mi mirada. Por un tiempo.

6 comentarios:

Lilith dijo...

Me gusta leerte cuando va adentro, cuando no importa nada sino solo tu, te acompaño en tu grito ahogado que hace temblar las almas de caronte. baci forti bella mia,

TOROSALVAJE dijo...

Escribías oyendo Pink Floyd?. Yo no puedo escribir con música, pero con Pink Floyd lo he hecho alguna vez, y escribo todos mis delirios como un poseso, eso sí, son impublicables.

Un beso.

raphael lacerda dijo...

“Nunca escribo con música”. Nada sei sobre você. Ultimamente tenho chegado à conclusão que pouco sei sobre muito (no sentido mais restritivo da palavra), no entanto, suas palavras (seu texto, sua arte...) revelam uma força que percebo em uma bela canção.
Parabéns pelas palavras... Versos... (ou como alguns teimam em chamar... “conjunto de palavras horizontalmente postas”).

Abraço

Raphael lacerda

Siworae dijo...

Antes escribía con música, con el volumen de la televisión alto, con mucho ruido alrededor pero un día no pude más y entendí que no hay nada mejor que el silencio para escribir.
Besos desde Il Mare

Anónimo dijo...

Con o si musica escribes como una diosa, nunca dejes de hacerlo, yo te lo pido, porfavor.

Cinzia Ricciuti dijo...

Agradecida con todos ustedes.
Pink Floyd ultimamente me está acompañando en todo este recorrido muy particular que me toca vivir. No fue fácil escribir con esa música que más bien me empuja al silencio, fue casi un reto.
(Toro, confieso que mis delirios fueron suprimidos del escrito...que también los tengo y todavía no me atrevo a publicarlos, jeje)
Lilith, confieso que me encantó la imagen de un grito que hace temblar a las almas de Caronte. Pobres almas, quizás ya no les queden gritos sino lamentos.
Un abrazo a todos y gracias de nuevo por los halagos, es tan bueno sentirse acompañada así.