miércoles, 1 de agosto de 2012

Poema dormido


De un tiempo a esta parte, al despertar, me toca hacer un esfuerzo para recopilar las imágenes del día anterior, las conversaciones que tuve, los rostros que vi, las locuras a las que me enfrenté. Me toca inventariar con fatiga aquello que constituirá mis recuerdos y definir a las personas que seguiré queriendo. Lo mismo me pasa con las actividades prácticas que me esperan, las clases, las lecturas, el mercado, lo que escribiré, lo que vestiré, lo que cocinaré. Es como si mi agenda mental se hubiera diluido. Todo esto sucede en el espacio del microsegundo que va desde el dormir al despertar, en ese instante en que flexionas las rodillas y lanzas las piernas a tu derecha para apoyarte en el piso. Por el momento no he dudado que haya piso y eso es ya una victoria. De mi futuro ni hablar...él o su posibilidad se asoman sólo luego de la primera taza de café. Quizás eso sea la soledad, la construcción consciente de la vida después del café.

3 comentarios:

Kira dijo...

"Quizás eso sea la soledad, la construcción consciente de la vida después del café"... muy hermoso y melancólico este texto. La cosa es que uno construye y la vida deconstruye. Nada es lo que uno quiere o desea. Y la soledad sólo es. Está allí con o sin la compañía o el amor de alguien más. No se va. Uno es dueño de su soledad, y esa es una propiedad exclusiva.

Leo Mercado dijo...

Coincido plenamente con Kira; de punta a punta.

taty dijo...

Poema dormido al que le duele despertar.

También disfruté los dos poemas sobre la luz.

Te leo.