domingo, 6 de marzo de 2011

El deseo del árbol


Yo los siento todos los días, caminan en torno a mí, a todos nosotros, caminan sólo por caminar y piensan todo el tiempo, yo sé que piensan sin parar. A mí me encantaría caminar pero no tengo piernas, por el contrario, tengo mis raices que me atan a la tierra y me condenan a estar erguido, inmóvil. Yo sé que ellos, los humanos, me envidian la paciencia y la fortaleza, siempre me usan como ejemplo de temple.
¿Sabrán ellos que no se puede caminar sin piernas?
¡Ah si yo las tuviera, muy feliz caminaría!
Los humanos son muy afortunados pero son tontos, siempre ven hacia afuera y quisieran ser otra cosa.
Yo también soy un poco así, pero ni siquiera tengo lengua para decirlo.
Ellos, que tienen la gracia de la palabra, hasta me envidian el silencio.

3 comentarios:

e. e. dijo...

yo quería ser un árbol, pero están paradas las contrataciones.

Cinzia Ricciuti dijo...

Sí, yo sé, la cosa no está fácil, pero el árbol te manda a decir que puedes ir a pararte a su lado un día entero sin moverte, de pie, ni pestañear, ni nada, a ver si eres apto para el puesto.

Kira dijo...

qué bello esto