jueves, 16 de diciembre de 2010

Tala


Llegó un grupo de hombres vestidos de rojo. Talan los árboles de mi calle. Ya cayó el jabillo centenario. Veo su tronco cortado en varias partes, fáciles de transportar. En el centro de cada círculo un extraño halo más oscuro, como si al sentir el golpe, el árbol hubiera retraído su sangre marrón hacia el centro, allí donde estaba la vida. Uno de los obreros reposa sentado sobre la enorme madera, tiene la mirada perdida y los oídos adormecidos por la letanía de la sierra eléctrica. El otro obrero, el que corta, contrae sus facciones, asume rostro heroico, se siente fuerte. Todo empezó ayer. El vecino malo, el que maltrata a sus perros y usa el bate como retaliación, no pierde detalle. Ayer me acerqué varias veces a la ventana, mareada por la sierra, por la muerte del jabillo y allí estaba él, hipnotizado ante la destrucción placentera. Esta mañana sacó una silla de esas que se llevan a la playa, para estar más cómodo y poder ver mejor, a sus anchas. Sus perros no ven nada, nunca, a sus perros les llueve encima y lloran de noche. Nos llegó una circular, será una tala masiva. Los árboles han crecido y se han atrevido a romper las aceras donde nosotros, reyes de pacotilla, deberíamos caminar. ¿Caminar? Esta ciudad no admite caminos, ni árboles que se impongan. Los hombres de rojo son los que crecen y el vecino que maltrata a sus perros y mi impotencia, mi tristeza, mi furia. Quedarán las casas por ahora y los pequeños arbolitos que tengan a bien sembrar, de esos que no penetran, que no invaden, que no dan sombra. Se nos perdió el cobijo aquí, se nos fue la casa verde de hojas magníficas.

3 comentarios:

Elizabeth Conte dijo...

Muy bueno tu texto Cinzia, es triste lo que relatas, el hombre contra la naturaleza.
Felicitaciones por tu hermoso blog. Un abrazo.
Elizabeth.

JAIRO ROJAS dijo...

Muy linda tu casa, acogedora y cálida. Saludos.

Kira dijo...

Así es Cinzia querida, este texto tan pertinente estos días... Se nos perdió el cobijo aquí...